Metáfora: ¿Cuánto pesa el vaso de agua?

Durante una sesión grupal, un psicólogo levantó un vaso de agua y cuando todos esperaban la típica pregunta: "¿está el vaso medio lleno o medio vacío?; el psicólogo preguntó:

 

- ¿Cuánto pesa este vaso?                 

Las respuestas de los componentes del grupo variaron entre 200 y 250 gramos.

Pero el psicólogo respondió:

 

- El peso absoluto no es importante porque dependerá de cuánto tiempo sostengo el vaso. Si lo sostengo durante un minuto, no es problema. Si lo sostengo una hora, me dolerá el brazo. Si lo sostengo un día, mi brazo se entumecerá y paralizará. El vaso no cambia, pero cuanto más tiempo lo sujeto, más pesado y más difícil de soportar se vuelve. 

 

Después continuó diciendo:

 

- Las preocupaciones son como el vaso de agua. Si piensas en ellas un rato, no pasa nada. Si piensas en ellas un poco más empiezan a doler y si piensas en ellas todo el día, acabas sintiéndote paralizado e incapaz de hacer nada.

 

         “Los problemas nunca se acaban

                                    pero las soluciones tampoco”

 

He querido compartir esta metáfora en mi blog porque me parece una muy buena invitación para reflexionar sobre nuestro papel en el malestar que producen las preocupaciones.

Los problemas, y las preocupaciones que nos generan, forman parte de nuestro camino por la vida. Algunos de ellos se podrán evitar, otros no, pero siempre podremos decidir como manejamos las situaciones difíciles.

Cuando algo nos preocupa tendemos a centrarnos casi exclusivamente en nuestro pensamiento dándole una y mil vueltas sin llegar a encontrar una solución.

Cuando damos mucho protagonismo a la presencia de una preocupación y hacemos que nuestro día gire en torno a ella, se desencadena una respuesta de ansiedad que provoca embotamiento mental, dificultad de discernimiento y falta de atención ante cosas que estén fuera del foco de mi preocupación, entre otros síntomas. En definitiva, que no somos capaces de ver más allá de lo que tenemos delante. Bajo este estado en el que se produce un descenso de la oxigenación, aumento de la presión y alteraciones en el riego sanguíneo, no seremos capaces de ver el problema con objetividad ni valorar otras opciones.

Lo recomendable en esas situaciones es tratar de aparcar durante unos minutos la preocupación y relajarse, refrescarse, pasear, escuchar música o hablar con alguien que pueda aportar nuevas ideas o posibles soluciones de una manera objetiva.

Cuando salimos cambiamos el foco de atención y ampliamos la visión; estamos relajando la mente, reduciendo la ansiedad y con ello permitimos que todo fluya y seamos más capaces de ver alternativas de solución que antes no veíamos por el hecho que anclarnos aterrados a la idea de que lo que nos preocupa es horrible y además no tiene solución o ésta es complicada.

Como escribió  Paulo Coelho “Los problemas nunca se acaban pero las soluciones tampoco”, por ello tenemos que sostener el vaso de agua el tiempo justo como para analizarlo, obtener información y saber a qué tengo que enfrentarme; entonces lo soltaremos, nos relajaremos y cuando el cuerpo y la mente estén al 100% y con una buena visión, valoraremos alternativas de solución y las llevaremos a cabo. Si lo sostenemos durante demasiado tiempo el dolor será tan incapacitante que nos bloqueará y nos generará una sensación de tener un problema aun mayor.

 

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Comentarios: 1
  • #1

    B. Krause (miércoles, 10 agosto 2016 13:26)

    Para mi