Perfil de un pirómano. ¿Qué piensa y siente?

La piromanía es una enfermedad mental o trastorno de la personalidad que se asocia con la falta de control de impulsos.

Quien la padece siente una necesidad imperiosa e irrefrenable de incendiar, casi siempre espacios abiertos.

 

En la mayoría de los casos los autores de este tipo de sucesos son varones jóvenes, de entre 15 y 30 años, con una historia personal de frustraciones, desajustes emocionales, mal rendimiento escolar y profesional, y frecuentemente con otros trastornos psiquiátricos. Carecen de estabilidad laboral, emocional o laboral.

Las características esenciales de este trastorno son la presencia de una conducta reiterada de prender fuego, la fascinación en la contemplación de este fenómeno, el intenso interés por todos los elementos que le rodean, un aumento de la tensión antes de producirlo y alivio emocional una vez realizado. El pirómano puede pasar años sin provocar incendios pero cualquier circunstancia exterior, como un fracaso o el estrés, pueden desencadenar nuevamente ese impulso y el deseo de provocar fuego.

La conducta pirómana sirve como un alivio a situaciones de vacío existencial, aburrimiento, frustración, rabia o deseo de protagonismo y es frecuente, el uso de alcohol u otros tóxicos que, con frecuencia, actúa como desencadenante del comportamiento alterado.

 

A los que sufren esta patología no les importa que con sus actos provoquen pérdidas humanas, materiales o incluso desequilibrios ecológicos, pero no buscan la destrucción ni sienten placer al provocar daños o dolor ajeno, como si ocurriría en otros tipos de trastornos.

La conducta pirómana: antes, durante y después.

 

Estas personas atraviesan por dos fases a la hora de provocar un fuego.

Antes de iniciar el fuego están muy activados, se les dispara la adrenalina, encontrándose en un estado de "conciencia alterado, como de trance", aunque hay que matizar que son conscientes de lo que hacen, no dando importancia a los daños personales o materiales que puedan causar.

 

El incendio casi nunca es provocado en respuesta a un delirio o una alucinación, existe conciencia plena en el acto. Sin embargo, una vez provocado el incendio, el propio fuego les mantiene atrapados y atraídos y resuelven toda la tensión acumulada, desencadenando las sensaciones de bienestar, gratificación y liberación.

El individuo siente una gran tensión y activación emocional antes del acto, nunca después.

 

Paradójicamente, muchos se mantienen en las cercanías del fuego pudiendo, incluso, avisar de la existencia del incendio que han creado, participar en las tareas de extinción y cuando son detenidos se muestran colaboradores y admiten sus hechos, aunque no sienten remordimiento o culpa por ello. Muchas veces van a ser ellos mismos quienes se confiesen voluntariamente como autores materiales.

 

¿Cuál es el motivo que le lleva a provocar un incendio?

El pirómano no persigue ningún fin instrumental, es decir, el sujeto no incendia por conseguir algo a cambio como puedan ser, móviles económicos, ideológicos, venganza o ira; sino que provoca el incendio porque le produce gratificación, bienestar o, incluso, llega a sentir un estado de liberación y satisfacción personal cuando inicia el fuego u observa las consecuencias que conlleva.

 

Diferencias entre un incendiario y un pirómano.

 

En palabras del especialista V. Pedreira: "Un incendiario es una persona que quema un monte y los pirómanos constituyen un grupo minoritario dentro de los incendiarios. La piromanía es un tipo de enfermedad mental que entra dentro de los trastornos del control de los impulsos, igual que la cleptomanía. Son un colectivo muy minoritario. Del mismo modo que no podemos pensar que todos los ladrones son cleptómanos, no podemos decir que todos los incendiarios son pirómanos".

 

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