Los sentimientos del desempleado.

Cuando la persona desempleada percibe que, independientemente de los CV que envíe semanalmente a infinidad de empresas, de los cursos de formación que realice para mejorar su cualificación mientras consiga trabajo, independientemente de las entrevistas de trabajo que le dejen buen sabor de boca… nada depende de él; genera una percepción de ausencia total de control sobre el resultado de la situación.

Si además, la persona desempleada es constantemente expuesta a acontecimientos negativos y situaciones estresantes que no puede controlar (que no le concedan una ayuda económica que había solicitado, que no le seleccionen para un trabajo en el que había puesto todas sus esperanzas, un gasto imprevisto y elevado que le obligan a realizar debido a una nueva ordenanza municipal, etc.), el mensaje psicológico que la persona traduce de todo ello es: ¡Haga lo que haga, no sirve de nada. No puedo evitar lo que me pasa.'

Si la percepción de indefensión se prolonga en el tiempo, la persona desesperanzada deduce que responder es inútil. Progresivamente va aprendiendo a tolerar este estado, permaneciendo inmóvil, casi inerte y con menos ganas de hacer un mínimo esfuerzo por huir de la tortura de situación a la que está siendo sometido. Aprende a comportarse pasivamente, porque si su esfuerzo no va a servir para nada; ¿para qué seguir intentándolo?.

Por ello, las personas que llevan largo tiempo en situación de desempleo pueden fácilmente pasar a este estado de indefensión aprendida, ampliamente correlacionado con la depresión clínica y con otros trastornos del estado de ánimo.

Consecuencias del paro en nuestra salud.

Según los especialistas de la medicina, se pueden identificar una serie de rasgos identificativos en el denominado “Síndrome del desempleo”: la depresión, el insomnio, la agresividad, la decepción vital y la pérdida de la autoestima.

Si el parado es, además, cabeza de familia, el problema puede llegar a afectar también a la salud de su pareja e hijos, que se resiente simultáneamente. Si la persona en paro sufre algún problema mental subyacente, el desempleo lo agudiza de forma inmediata, acentuando la sintomatología.

Por su parte, los profesores están constatando un cambio en el comportamiento de los niños en edad escolar. Se está produciendo lo que los expertos denominan “madurez prematura” ya que se enfrentan a  problemas cotidianos derivados de la situación del desempleo en casa como renunciar a ciertas cosas y tener que comprender la situación que atraviesa la familia.

 

Al analizar los efectos psicológicos positivos del trabajo, se entienden mejor las repercusiones negativas del desempleo:

  • La pérdida de vinculación social. El trabajo otorga al individuo una serie de contactos sociales y el sentimiento de pertenencia a un grupo, que en situación de desempleo se traduce en aumento del aislamiento social e incremento de los sentimientos de soledad; muchas veces por no poder asumir los gastos derivados del ocio.
  • La pérdida de rutina que estructuraba y aportaba un orden y coherencia en nuestra vida diaria. Por ello, la nueva situación de desempleo produce desorganización y desorientación temporal, a pesar del abundante tiempo libre del que se dispone.
  • La pérdida de metas. El trabajo aporta al individuo la persecución de unas metas que dirijan sus acciones y motivan su desarrollo y proyección laboral a largo plazo. La pérdida de este sentido vital puede generar altos niveles de desesperanza y estrés.
  • Autoestima baja al verse rechazado en otros trabajos que requieren una menor cualificación de la que posee la persona, lo que puede llegar a provocar estados de nerviosismo, cefaleas, inseguridad o fobias.

Si la tensión psicológica se mantiene puede hacer que la persona se desaliente y resigne, abandonando el proceso de búsqueda activa de empleo y lo que podría ser aún más grave. Si el estrés se agudiza y prolonga en el tiempo, entrarán en fase de agotamiento, ocasionando respuestas psicosomáticas relativamente estables, como puede ser el insomnio crónico.

¿Cómo combatir los sentimientos negativos que provoca el desempleo?

Ante una misma situación, no todas las personas reaccionan de la misma manera. Hay desempleados con personalidades resilentes, que han tomado esta nueva situación como una oportunidad para el cambio, lanzándose a crear sus propias empresas y con mucho esfuerzo, valor y trabajo han conseguido llegar a ser sus propios empleados. Es una cuestión de fortaleza y de actitud, que tiene mucho que ver con la capacidad de cada uno, de sentir que, pase lo que pase, mantiene el control de su vida.

Las personas que perciben que tienen control, atenúan mejor sus emociones negativas, incluso en situaciones de intensa ansiedad.

Para no ser presas de la indefensión aprendida, os proponemos una serie de medidas que os pueden resultar útiles para mantener o recuperar la sensación de control en vuestras vidas:

  • Toma conciencia. Analiza las dificultades que se te presentan en esta nueva situación, una por una, sin generalizar o dramatizar, para poder ver las posibilidades y los esfuerzos que debes realizar para enfrentarte a ellas.
  • Expresa los sentimientos negativos. Es saludable expresar las emociones negativas de rabia, impotencia o miedo con nuestros allegados. El hecho de contar con apoyo social y percibirlo como tal, nos puede ayudar a canalizar nuestros sentimientos y nos sirve de válvula de escape. Sin embargo, no podemos anclarnos en este mecanismo; tras expresar y aliviar nuestra sobrecarga emocional, es necesario comenzar a poner soluciones. Reservar nuestra energía emocional para el afrontamiento activo.
  • Realizar una planificación económica. Detallar mensual o semanalmente, todos los gastos fijos que existen y todos los ingresos de los que se vaya a disponer, y tomar decisiones sobre la distribución de los mismos. También comenzar a valorar nuevas alternativas como, por ejemplo, actividades de ocio gratuitas o más baratas.
  • Desarrollar una agenda como jornada laboral. Para sentir que tenemos el control de nuestra vida cotidiana, es recomendable crear rutinas de actividad; organizar nuestro día o semana dedicando unas horas para la búsqueda de empleo, otras para la formación, crear hábitos saludables (deporte, relajación…).
  • Comprender y aprender a manejar los síntomas negativos que pueden asaltarnos al estar desempleados. Tristeza, depresión, ansiedad, sensación de soledad… Conociendo los riesgos psicológicos que pueden asaltarnos, seremos capaces de afrontarlos mejor. Identificar los pensamientos negativos que pueden amenazar nuestra estabilidad emocional, saber pararlos y poner en marcha planes conductuales que bloqueen su efecto.

 

Fuente: Margil Psicología

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